El Foro
El ForoEl Foro
VITRINA 28
Estatua honorífica de una figura masculina con toga
Mármol
Siglo I, e. c.
Pompeya
5969 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Parado con la clásica pose de un orador romano y papiros enrollados en la mano, esta figura tiene los rasgos fuertes y severos, típicos de los retratos romanos contemporáneos. Para un espectador romano, el estatus social de alto rango del sujeto resulta evidente por su postura y los detalles de la toga.
Estatua honorífica de una figura masculina con toga
Mármol
Siglo I, e. c.
Pompeya
5983 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
VITRINA 29
Sistro
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
2395 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
El sistro, un dispositivo para emitir sonido o sonajero con varillas ajustables, era lo que agitaban las sacerdotisas egipcias durante los entierros y los rituales del culto a Isis. Tal vez este objeto era parte de la utilería de una obra de teatro con temática egipcia.
Máscara de teatro
Mármol
Siglo I, e. c.
Pompeya
6611 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
La máscara de un actor definía su personaje ante un público romano. Estas máscaras de mármol solo se usaban como objeto decorativo, mientras que las que utilizaban los actores estaban hechas con materiales livianos, como el corcho y el lino.
Máscara de teatro
Mármol
Siglo I, e. c.
Pompeya
6616 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Máscara cómica
Mármol
Siglo I, e. c.
Pompeya
6524 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Muchas obras romanas eran adaptaciones de los populares dramas griegos, pero se representaban como parte de una experiencia de entretenimiento más amplia que incluía circos y combates entre gladiadores. A diferencia de sus homólogas griegas, las obras romanas tenían como objetivo agradar a las multitudes. Para divertir a sus públicos, los actores se salían del guion, e improvisaban diálogos y sátiras bufonescas.
VITRINA 30
Pulsera de media esfera
Oro
Siglo I, e. c.
Pompeya
24775 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Algunas personas, mientras huían de la erupción, tomaron rápidamente artículos de valor o de importancia personal. En el piso superior de una posada de Pompeya, se encontró un tesoro de monedas, joyas y otros metales preciosos. Estaba junto a dos cuerpos, personas que buscaban refugiarse de la lluvia de piedra pómez.
Aretes
Oro
Siglo I, e. c.
Pompeya
24630, 23631 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Aretes de perlas
Oro, perla
Siglo I, e. c.
Pompeya
113549 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Los aretes con forma de araña de cristal eran populares entre las mujeres de clase alta. Cuando la mujer caminaba o movía la cabeza, los aretes sonaban como las campanillas de viento.
Brazalete con engaste
Oro
Siglo I, e. c.
Pompeya
7671 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Anillo de oro con granate
Oro, granate
Siglo I, e. c.
Pompeya
8960 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Anillo de oro con piedra preciosa grabada
Oro, piedra preciosa
Siglo I, e. c.
Pompeya
59284 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Collar
Oro
Siglo I, e. c.
Pompeya
24804 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Aretes de media esfera
Oro
Siglo I, e. c.
Pompeya
113546 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Anillo con sello
Oro
Siglo I, e. c.
Pompeya
25239 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Tanto hombres como mujeres usaban anillos con sello. Estaban personalizados: cada anillo tenía grabado el nombre de su dueño o su marca distintiva. Este anillo está decorado con la diosa Victoria, y la persona que lo llevaba podía usarlo para hacer una compra o sellar un documento.
VITRINA 31
Espejo
Bronce y lámina de plata
Siglo I, e. c.
Pompeya
74926 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Las mujeres pompeyanas ricas llevaban complicadas rutinas de belleza. Con un espejo -como este, que tiene una superficie reflectante de lámina de plata- y con la ayuda de una persona esclava de la casa, se maquillaban y peinaban.
7.09.A.2
Contenedor para aceites perfumados
Vidrio azul
Siglo I, e. c.
Pompeya
117996 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
7.09.A.3
Contenedor para aceites perfumados
Vidrio azul
Siglo I, e. c.
Pompeya
117997 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
7.09.A.4
Contenedor para aceites perfumados
Vidrio azul
Siglo I, e. c.
Pompeya
113906 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Los perfumes eran usados tanto mujeres como por hombres y constituían un ítem de lujo muy popular. Estas ampollas contenían valiosos líquidos y ungüentos para perfumar el cuerpo.
7.09.A.5
Vaso azul
Vidrio
Siglo I, e. c.
Pompeya
13597 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Las élites romanas consideraban que la piel clara, pálida y radiante era signo de gran belleza. Un vaso como este se utilizaba para mezclar compuestos cosméticos, como cremas hidratantes que se hacían combinando grasa, miel, huevos y vinagre.
7.09.A.6
Botella cuadrada
Vidrio azul
Siglo I, e. c.
Pompeya
13153 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
7.09.A.7
Frasco de forma cónica
Vidrio azul
Siglo I, e. c.
Pompeya
13133 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Los perfumes se hacían con mezclas de pétalos de flores, savias de árboles y especias que se agregaban a una base de aceite de oliva. También se añadían otros ingredientes costosos importados de la India y Persia. El vidrio -bello, sin olor y no absorbente- era lo ideal para un frasco de perfume.
7.09.A.8
Horquilla
Marfil
Siglo I, e. c.
Pompeya
77427 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
7.09.A.9
Peine
Hueso
Siglo I, e. c.
Pompeya
Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
7.09.A.10
2 Horquillas
Hueso
Siglo I, e. c.
Pompeya
Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
7.09.A.11
Horquilla con cabeza de serpiente
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Las mujeres romanas adineradas le prestaban mucha atención al cabello, y se lo acomodaban con peines y horquillas. Las tenacillas de bronce se utilizaban para armar rizos en cabellos lacios, y tanto hombres como mujeres se teñían el cabello usando diversas recetas. Las pelucas rubias hechas con cabello inglés o alemán eran muy populares.
VITRINA 32
Casco de gladiador
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
5641 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
El público romano acudía en masa a ver los mortales juegos de gladiadores. Los participantes eran hombres esclavizados y criminales convictos -la mayoría de los competidores- y recibían entrenamiento en escuelas especiales para gladiadores. A pesar de que los gladiadores que triunfaban podían ganarse la libertad, eran muchos más los que perdían la vida en este deporte violento y sangriento.
VITRINA 33
Casco de soldado
Bronce
Siglo I, e. c.
Herculano
5748 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Casco de soldado
Bronce
Siglo I, e. c.
Herculano
5749 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
El Imperio romano debía su éxito a la fortaleza de su ejército. El ejército, como fuerza voluntaria, pagaba buenos salarios y ofrecía oportunidades para aprender oficios. Los soldados estaban bien equipados; usaban cascos que los protegían sin obstruirles la visión ni la audición.
Cabestro
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
75568 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
A los caballos se los utilizaba como medio de transporte, para cazar y para que tiraran de los carros. Los aperos para montar eran similares a los que se utilizan aún hoy, incluido el cabestro, la brida (frenum) y la montura (ephippium). En experimentos realizados, las réplicas de los frenos romanos demostraron ser tan efectivas para comandar un caballo como sus equivalentes contemporáneos.
Estrígil
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
69989 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Luego de la intensa actividad, los romanos visitaban el baño público. Luego de que mediante masajes sobre la piel se esparcieran una mezcla de aceites perfumados y polvo de piedra pómez, el/la bañista se quitaba el aceite, el sudor y la suciedad raspándose la piel con un estrígil.
Aryballos
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
118831 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
El aceite perfumado, que a menudo se mezclaba con polvo de piedra pómez, se almacenaba en un aryballos, un pequeño frasco esférico de cuello angosto que se colgaba de un cinturón. Estos frascos pueden verse pintados en las vasijas griegas con representaciones de atletas dándose un baño.
Casco de gladiador
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
5641 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
VITRINA 34
Canillera de gladiador
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
5646 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Canillera de gladiador
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
5659 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Mano de boxeador (fragmento de una estatua)
Bronce
Siglo I, e. c.
Pompeya
7417 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Este fragmento es todo lo que queda de la estatua de un boxeador. La mano y el antebrazo están protegidos por un guante sin dedos: el dorso de la mano quedaba envuelto por unas tiras finas de cuero sujetas por ataduras diagonales.
Punta de una lanza
Bronce
Siglo I, e. c.
Barracas de los gladiadores, Pompeya
5661 Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Cuando los gladiadores participaban en los combates mortales de la arena del anfiteatro, estos luchaban con lanzas. La punta de la lanza tiene forma de corazón con bordes redondeados.
Video: Los Baños
Hoy en día, tomamos baños y duchas en la privacidad de nuestro hogar. Pero para los habitantes de Pompeya, bañarse era una actividad social. La mayoría de los baños estaban diseñados para ser usados exclusivamente por hombres o por mujeres. Este era inusual, ya que no solía haber instalaciones para hombres y para mujeres en el mismo edificio.
Quizá, lo primero que se hacía al llegar al baño público era entrar en el patio grande. Aquí, era posible participar en una variedad de actividades, como levantamiento de pesas, un juego de pelota con las amistades o, tal vez, nadar en una de las grandes piscinas.
Los baños también tenían una serie de habitaciones interiores. El área de calor y vapor se llamaba caldarium. Se calentaba mediante un sistema de calefacción por debajo del suelo y era el lugar donde las personas podían relajarse, tomar un baño caliente en una piscina común y sudar para desintoxicarse. También podían optar por hacerse masajes. Tras frotarse con aceite para aflojar la suciedad y el sudor, podían enjuagarse en el tepidarium, el baño templado. Por último, podían entrar en el frigidarium, que tenía una piscina de agua fría, para darse un chapuzón largo y refrescante.
Video: El Foro
Al igual que muchas ciudades romanas, Pompeya tenía una plaza central, un extenso lugar de reunión llamado forum.
Dicha plaza abierta estaba rodeada de edificios públicos: templos, mercados e instituciones gubernamentales.
Se cree que, en el forum, los ciudadanos escuchaban discursos políticos, se enteraban de las noticias del día, participaban en ceremonias y festivales religiosos, y, por supuesto, hacían las compras.
Si ustedes pudieran entrar al Foro al despuntar el día, verían un mercado bullicioso, donde podrían comprar de todo, desde pescados e higos hasta telas.
Los arqueólogos creen que este edificio circular se usaba para vender pescado debido a la gran cantidad de escamas que encontraron en él.
Video: Los Baños
Hoy en día, tomamos baños y duchas en la privacidad de nuestro hogar. Pero para los habitantes de Pompeya, bañarse era una actividad social. La mayoría de los baños estaban diseñados para ser usados exclusivamente por hombres o por mujeres. Este era inusual, ya que no solía haber instalaciones para hombres y para mujeres en el mismo edificio.
Quizá, lo primero que se hacía al llegar al baño público era entrar en el patio grande. Aquí, era posible participar en una variedad de actividades, como levantamiento de pesas, un juego de pelota con las amistades o, tal vez, nadar en una de las grandes piscinas.
Los baños también tenían una serie de habitaciones interiores. El área de calor y vapor se llamaba caldarium. Se calentaba mediante un sistema de calefacción por debajo del suelo y era el lugar donde las personas podían relajarse, tomar un baño caliente en una piscina común y sudar para desintoxicarse. También podían optar por hacerse masajes. Tras frotarse con aceite para aflojar la suciedad y el sudor, podían enjuagarse en el tepidarium, el baño templado. Por último, podían entrar en el frigidarium, que tenía una piscina de agua fría, para darse un chapuzón largo y refrescante.